¿Y si apostamos por la cultura y el turismo de proximidad? ¿Ser turistas en nuestro propio territorio?

Hace unas semanas leí la siguiente noticia:  https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-06-07/venecia-italia-turismo-euros-coronavirus_2414044/ en la que se exponía como Venecia ha pasado de ser una de las ciudades más masificadas turísticamente del mundo a ser una ciudad fantasma a causa de la COVID-19. El artículo expone los pros y los contras del turismo. Pero me llamó la atención la siguiente frase: “¿Ven ustedes ahora el problema de apostar por un modelo de ciudad en el que se ha expulsado a los vecinos y se ha vendido a los turistas?”

Cuando una ciudad apuesta sólo por el turismo (y específico aún más, por el turismo de masas, el low cost, el de cantidad y no por el turismo de calidad y el local) aunque a corto plazo suele ser más beneficioso económicamente para unos pocos, a medio y largo plazo, quien pierde es la ciudadanía. La población local. ¿Cómo?:

    • La masificación turística que obliga a la gentrificación de los centros históricos de nuestras ciudades desapareciendo sus vecinos, sus comercios locales y bares/restaurantes de toda la vida (es decir, aquello que hace singular un barrio o zona), sobre todo en los centros históricos, por meros “parques de atracciones” tipo Venecia o el barrio gótico de Barcelona… Son ciudades con una gran masificación turística durante todo el año (los cruceros tienen parte de la culpa – turismo de mala calidad, ya que no pernocta en la ciudad y son poco sostenibles), pero que crece todavía más en los meses de verano… haciendo inviable vivir (o mejor dicho, convivir) en ciertos espacios de la ciudad. 
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    • La mala gestión y la insostenibilidad de sus recursos turísticos y culturales crean una desconexión total con la comunidad local del lugar. Los locales pierden espacios de la ciudad en pro de los turistas, un ejemplo serían las Ramblas o el Mercat de la Boqueria, que ahora con la crisis de la COVID-19, muchos de sus locales están cerrados por falta de turistas, ya que los locales prefieren optar por los lugares de toda la vida, con precios asequibles y no alzados al bolsillo del turista internacional. Y lo mismo sucede con muchos museos, que han optado por el turista extranjero descuidando al local. Actualmente muchos museos que sólo tenían en cuenta el número de visitantes diarios, ven como las cifras han bajado drásticamente a causa de la no llegada de turistas extranjeros. 
    • Se pierden locales que son históricos a favor de las grandes cadenas multinacionales o tiendas de souvenirs.
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    • Pérdida del tejido comercial de toda la vida, tradicional, de los centros históricos, que al fin y al cabo, es lo que da encanto y personalidad a ciertos barrios de la ciudad. Y no sólo eso, con su pérdida, también se pierde parte de la cultura etnológica de la ciudad.
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    • Degradación de sus espacios.

 

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Masificación turística en el Parc Güell de Barcelona. Foto de Javier, chicharrero

¿De verdad se quiere seguir apostando por este sistema caduco e insostenible? ¿Queremos un turismo que prima la cantidad a la calidad, como se ven en algunos museos? ¿Un turismo que no está conectado con sus ciudadanos locales? Tenemos ahora mismo la oportunidad perfecta de replantear nuevos modelos y estrategias turísticas y culturales. Un modelo turístico y cultural sostenible y de proximidad, que apueste por la economía local y donde la comunidad participe activamente de su cultura, su historia y su patrimonio.

¿Calidad o cantidad? ¿Turistas que gastan poco dinero o aquellos que gastan más cantidad en un único destino? Como población local, ¿qué queremos? De nada nos sirve volver al turismo de borrachera y al de la masificación que destruye el territorio y que no fomenta las necesidades de la sociedad local. Y durante la pandemia se está viendo claramente como apostar solo al turismo extranjero en época de crisis lleva a la ruina de un país. Opino que un gran problema que tenemos en España es que nunca se han separado los conceptos turismo, hostelería, cultura y ocio. Normalmente se les unen en el mismo grupo. Un error. El turismo no es siempre cultura. Y la cultura no siempre es ocio. Hace falta crear estrategias segmentadas para cada uno de los conceptos. Unas veces van unidas de la mano y otras por separado. Pero volvamos al quid de la cuestión. Ante todos estos problemas (que se han acrecentado con la pandemia), ¿cómo podemos cambiar el modelo? ¿qué líneas estratégicas hay que seguir? Hay que apostar por la cultura y el turismo de proximidad (y en mi opinión, también el sostenible). Pero, ¿Qué es el turismo de proximidad? Tal vez para entender antes este concepto hay que saber que es el turismo:

La palabra turismo —según la OMT Organización Mundial del Turismo— comprende «las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos a su entorno habitual durante un período de tiempo inferior a un año, con fines de ocio, negocios u otros». Si no se realiza pernoctación, se consideran excursionistas. Los turistas y excursionistas forman el total de visitantes.

Wikipedia

¿Cómo establecemos unos límites geográficos? ¿Qué es cerca y que es lejos? El turismo de proximidad puede ser aquel que se realiza en tu comarca o la comarca vecina, o tal vez tu provincia o tu comunidad autónoma. Lo que está claro es que se trata de viajar a lugares familiares de tu entorno común, donde como turista local se convierte tanto en consumidores de una experiencia así como en consumidores de un destino.

Y ¿qué es ser turista? Lo resumiremos brevemente diciendo que ser turista significa conocer un lugar de forma diferente a cómo lo haría un local, muchas veces a través de las curiosidades (que suele ser uno de los motivos por visitar un destino), y participando en rutas guiadas para descubrir la historia, el patrimonio, la cultura, la gastronomía… de una ciudad y aprender sobre el mismo.

El turismo de proximidad implica no sólo la proximidad física con el destino del viaje, sino también el conocimiento que tenemos de esa región por ser aquella donde vivimos. Al turista local hay que ayudarlo a experimentar la fascinación que siente un turista al descubrir un lugar, mientras siente la comodidad de un local, sin importar el lugar dónde se encuentra. Además tiene múltiples impactos positivos. ¿Cuáles?

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Paseo en barca por la Albufera de València
    • Contribuimos económicamente a potenciar y enriquecer nuestro territorio, ya que al conocer mejor el lugar, apostaremos no por las grandes cadenas multinacionales, sino por el comercio y la producción local, la hostelería de toda la vida y los servicios culturales/deportivos de los empresarios locales, resumiendo, el dinero se quedará en manos de la población local, fomentando así no sólo el estilo de vida de sus pobladores, sino también fomentando la creación de empleo local, los cuales serán más responsables (mayoritariamente) con el medio ambiente y el lugar que habitan.
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    • Turismo sostenible y responsable con el medio ambiente (disminución del impacto medioambiental), el entorno, así como en la gente local de los lugares que visitamos.
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    • Mejor conocimiento del territorio. Al ser conocedores de su lugar, la experiencia para los viajeros es mejor y va más allá de la típica ruta turística habitual. No sólo redescubrimos y reconocemos el territorio cercano, las tradiciones y la cultura propia (estrategias de vertebración del territorio), sino que también ayudamos a promover y estimular diferentes iniciativas culturales, turísticas y comerciales locales
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    • La pernoctación puede ser fuera de la residencia habitual (alojamientos turísticos o segundas residencias) o el retorno a la propia casa. El usuario planifica y distribuye su tiempo disponible para realizar el viaje. Puede recorrer el territorio durante varios domingos sueltos (y volver a su casa a dormir) por ejemplo, o hacer un viaje de varios días seguidos (y pernoctar en algún lugar local).
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    • Revalorización del patrimonio histórico-artístico y el natural del territorio. El público usuario redescubrirá la historia de su tierra y conectará con ella y con su cultura local.

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    • Podemos practicar el “turismo slow” (sigue creciendo la tendencia entre la sociedad), es decir, la filosofía de viaje que huye de las prisas y reivindica la lentitud a la hora de conocer un destino nuevo (o conocerlo por segunda vez) sin estrés, ni prisas, ni culpa. Un tipo de turismo que huye de las ciudades masificadas, de hacer “check-in” en la lista de cosas por ver en un día, y que nos da la oportunidad de adentrarnos en la cultura local, así como conocer el patrimonio natural, para vivir una experiencia única. 
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    • Fomenta la realización de actividades deportivas y saludables al aire libre, que no alteran el entorno natural, ni perturban a sus habitantes, sus animales o sus cultivos, respetando en la medida de lo posible el medio natural. 
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    • Promueve el ecoturismo de proximidad, (turismo en espacios naturales cercanos), el cual se caracteriza por practicarse en grupos pequeños en espacios naturales de gran interés ecológico y atractivos para los usuarios, así como saludables, responsables y sostenibles, normalmente en lugares rurales y de interior. 

 


¿Qué otras posibilidades y ventajas conocéis sobre el turismo de proximidad? ¿Lo habéis practicado este verano? Contadnos vuestras experiencias. 

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