“3 bragas a 1 euro” y la cultura en licitaciones, ¿qué tienen en común?

Castellano Parte Superior / Valencià Part Inferior

Foto by Pschemp CC , 2006

“3 bragas a 1 euro” ese es el resumen del concepto de proyectos en el ámbito de la cultura gracias a la nueva ley de transparencia.  Después de los años vividos de crisis y todos los escándalos que están saliendo a la luz, se planteó una nueva forma de garantizar la “transparencia” en las contrataciones, además de las directrices impuestas sobre contratación pública desde Europa. Esta base me parece esencial para tener una higiene administrativa y que se eviten los “enchufismos” y que las mismas empresas de siempre tengan el monopolio.

Entonces, ¿por qué titulo este post con esta comparación tan lapidaria? Porque a la hora de la verdad no está funcionando como una herramienta de apertura hacia nuevos proveedores.

Esta nueva medida se centra en la transparencia y el anonimato. No obstante, cuando ves una  licitación de un proyecto que realmente te gusta, te apasiona y sabes que podrías dar lo mejor de ti misma, te das cuenta de la realidad. En la mayoría de licitaciones te piden haber tenido una facturación superior al total del proyecto. ¿Cuál es el problema? En este país la cultura se promociona a través de las administraciones públicas, las empresas privadas no realizan proyectos tan cuantiosos, entonces, si nunca has hecho un proyecto de esta envergadura nunca podrás aplicar a la licitación, puesto que no tienes el mínimo facturado.

Por otro lado, cuando entras a los pliegos técnicos en su mayoría te das cuenta que lo que más cuenta es la oferta económica. ¿Cómo es posible que en un proyecto cultural se base en el mejor “chollo”? ¿Qué hay de los conceptos? ¿De la visión estratégica? ¿De los objetivos? ¿Del valor añadido inmaterial?¿Del comisariado? ¿Del aporte de cada profesional de la gestión cultural? ¿De la innovación? ¿De la creatividad? Todos estos elementos que son los que hacen que un proyecto sea novedoso, rompedor y que implique a la ciudadanía al final se queda resumido en “quién me lo haga más barato se lo queda”. Es como el ejemplo de las bragas, ¿te vas a gastar 5€ en unas bragas cuando puedes tener 3 bragas por 1€? Es el mismo principio, ¿pero qué comportan las 2 tarifas de esta ropa interior?

  • 1 braga a 5 €, el tejido es sostenible, ecológico y de calidad (no se van a romper en la primera lavada). La persona que ha cosido o ha trabajado en la confección ha tenido un contrato indefinido con sus pagas extras. El transporte suele ser de lugares próximos, evitando contaminación y fomentando la industria y comercio local. La persona que te la vende es una pequeña PYME que utiliza los beneficios para vivir, pagar el alquiler del local, pagar los estudios de sus hijos, tener solvencia económica, dar vida a las calles del barrio y hacer comunidad. Además, si la ropa interior te sale con defecto o no es lo que esperabas, te va atender, asesorar y resolver el problema.
  • 3 bragas a 1€, el tejido tiene una etiqueta que pone “no acercar al fuego”, no se sabe de dónde viene el tejido y cómo ha sido tratado (acordaros de los ríos contaminados en países asiáticos por la industria de la moda), la persona que ha trabajado en su confección está  más de 12 horas en el taller sin descanso por menos de 1 euro al día y sin derechos laborales.  Su transporte hasta la tienda (o las tiendas de todo el mundo) ha producido contaminación y ha contribuido al calentamiento global. La persona que te la ha vendido está contratada por menos del salario mínimo (justificado por contratos temporales de jornada parcial y sin remunerar las horas extras), no tienen derecho a enfermar (le quitan el sueldo del día que no trabaja o le obligan a recuperar las horas si va al médico), no se puede plantear tener familia porque no puede pagar más que una habitación en un apartamento compartido, no le interesa tu satisfacción en absoluto y sólo eres un número.

Por otro lado, las grandes empresas, como facturan tanto, sus proveedores les hacen precio, lo que supone que una pequeña empresa no pueda competir con su oferta económica. ¿No es extraño que muchos servicios culturales estén en manos de empresas que igual te construyen un edificio que te hacen una visita guiada?

No olvidemos, también, que si lo que prima es la oferta económica, ¿dónde quedan los derechos laborales? ¿Cómo se van a pagar a los creadores culturales? Porque si nos paramos a pensar, ¿cuántos gestores culturales en sus empresas están contratados como auxiliares administrativos y cobran por debajo del convenio laboral que les pertoca? ¿Cuántos informadores de sala hay desarrollando tareas de mayor responsabilidad? ¿Cómo es posible que la mayoría de empresas culturales en su plantilla tengan gente contratada con un rango formativo de la ESO (aunque en realidad tengan estudios superiores e idiomas)? Todo esto es la base de la precarización laboral, porque a la hora de presentar un proyecto, ¿a quién suelen apretar para poder quedarse con el proyecto? A los/as creadores culturales. Entonces es un pez que se muerde la cola: proyectos subastados al mejor postor, poco presupuesto y desvalorización económica de los creadores culturales. ¿Por qué digo creadores culturales? Porque no sólo son los artistas, ni los músicos, ni las compañías teatrales, también los profesionales de la gestión cultural que por “ilusión” entregan su tiempo/dinero para poder conseguir que salga el proyecto con un presupuesto 0. Al final, parece que una medida que se ha hecho para evitar la corrupción ha terminado por legitimizar el monopolio cultural de las grandes empresas y la extinción de las PYMES.

Además, se crean relaciones no orgánicas, inefectivas y disfuncionales entre la entidad pública y privada que licita y el personal que trabaja en sus espacios, provocando malentendidos, desdoble de autoridad, abusos de poder, ralentización en la resolución de problemas, pérdida de información, vulneración de los derechos laborales, e, incluso llegando a vulnerar la ley de riesgos laborales hacia el personal subcontratado. Pues la empresa que licita no exije las condiciones a la entidad pública y/o privada por miedo a perder la licitación, y la otra se excusa en que el personal no es su responsabilidad. Para ver ejemplos de este tipo de relaciones solo hace falta pasar y hablar con cualquier persona subcontratada de cualquier entidad, por desgracia, es más común de lo que se piensa.

Por último, ¿quién hace los presupuestos? ¿quién designa la partida presupuestaria de cada proyecto cultural? ¿el personal técnico? ¿los cargos políticos? Quizá ahí está el problema, varios técnicos de cultura muestran su desacuerdo en que el planteamiento del proyecto no se tiene en cuenta sus apreciaciones, sus diagnósticos y su experiencia en la realidad del sector. Parece ser que lo que importa es hacer sin tener en cuenta la calidad y la sostenibilidad laboral del proyecto. ¿Les pasará por la cabeza la idea de mejor “3 bragas a 1€” que “1 braga a 5€”? ¿les da más rédito político producir más proyectos aunque suponga lapidar a las personas que trabajan en el sector cultural y sentenciarlas a la precarización laboral?

Actualmente, hay algunas (aunque escasas) buenas prácticas que aprendí en el congreso XOC2019 en Barcelona. Una de ellas son las licitaciones en 2 fases:

  • Fase 1: Fase de ideas. Presentación del proyecto, su concepto, líneas estratégicas, enfoque y calidad. En esta fase se paga al proyecto ganador. Es un modelo extendido en el sector de la arquitectura.
  • Fase 2: Fase de producción. Producción del proyecto teniendo en cuenta los recursos humanos necesarios (y sus respectivas condiciones laborales), materiales y tipo de ejecución.

Otra buena práctica es estimar las horas de trabajo de cada perfil laboral, haciendo una estimación del sueldo base de cada profesional (a mejorar) como requisito a aplicar a la licitación, en el caso de mala práctica anulación de la concesión:

whatsapp-image-2019-11-28-at-13.21.57.jpeg
Licitación “Servei de dinamització de processos participatius de l’Ajuntament de Barcelona” (2019)

Por desgracia, en la mayoría de las licitaciones la cláusula viene a decir “la empresa se compromete a ofrecer condiciones laborales óptimas al personal”, una frase abstracta sin ningún objetivo mayor que adornar y dar imagen de integridad a la licitación.

Son diferentes experiencias de profesionales que se han encontrado con el “robo de ideas” en sus proyectos con la justificación de la “ley de transparencia”. Proyectos creados por un colectivo / empresa / PYME que han visto cómo se han perdido los orígenes del proyecto en “pro” de la búsqueda de nuevos proveedores más económicos.

Entonces me acuerdo de la frase “las licitaciones son el cáncer de la cultura”. Esta frase no es mía, la aprendí de Jesús Cimarro cuando fui al congreso RESET18 en Barcelona. Dando visibilidad a una realidad que provoca el no crecimiento de las industrias culturales, del tejido cultural y, en última instancia, de bloqueo, un ponente comparó la cultura como un “bebé enorme dentro de una incubadora”, refiriéndose como incubadora a la administración pública. No, no estoy de acuerdo en la idea de que la cultura es un bebé gigante dentro de la incubadora de la administración pública. Sería mejor decir que es un bebé desnutrido por falta de recursos económicos, visibilización, valoración e inversión en los proyectos y en las condiciones laborales de las personas profesionales de la cultura, tanto desde el ámbito público como privado.

Valencià

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 3-bragas-un-euro.jpg
Foto by Pschemp CC , 2006

“3 bragues a 1 euro” este és el resum del concepte de projectes a l’àmbit de la cultura gràcies a la nova llei de transparència. Després dels anys passats de crisi i tots els escàndols que estan eixint a la llum, es va plantejar una nova forma de garantir la “transparència” a les contractacions, a més de les directrius imposades sobre contractació pública des d’Europa. Esta base em sembla essencial per tindre una higiene administrativa i que s’eviten els “enxufismes” i que les mateixes empreses de sempre tinguen el monopoli.

Aleshores, per què titule este post amb esta comparació tan lapidària? Perquè a l’hora de la veritat no està funcionant com una ferramenta d’obertura cap a nous proveïdors.

Esta nova mesura es centra en la transparència i l’anonimat. No obstant, quan veus una licitació d’un projecte que realment t’agrada, t’apassiona i saps que podries donar el millor de tu mateixa, et dones compte de la realitat. En la majoria de licitacions et demanen haver tingut una facturació superior al total del projecte. Quin és el problema? En este pais la cultura es promociona a través de les administracions públiques, les empreses privades no realitzen projectes tan grans, aleshores, si mai has fet un projecte d’esta envergadura mai podràs aplicar a la licitació, ja què no tens un mínim facturat.

D’altra banda, quan entres als plecs tècnics en la seua majoria et dones compte que allò que més conta és l’oferta econòmica. Com és possible que un projecte cultural es base en el millor “xollo”? Què hi ha dels conceptes? De la visió estratègica? Dels objectius? Del valor afegit immaterial? Del comissariat? De l’aportació de cada professional de la gestió cultural? De la innovació? De la creativitat? Tots aquests elements que són els que fan que un projecte siga nou, trencador i que implique a la ciutadania al final es queda resumit en “qui m’ho fa més barat s’ho queda”. És com l’exemple de les bragues, vas a gastar-te 5€ en unes bragues quan pots tindre 3 bragues per 1€? És el mateix principi, però, què comporten les 2 tarifes de roba interior?

  • 1 braga a 5 €, el teixit és sostenible, ecològic i de qualitat (no es va a trencar a la primera llavada). La persona que ha cosit o ha treballat en la confecció ha tingut un contracte indefinit amb les seues pagues extres. El transport sol ser de llocs pròxims, evitant contaminació i fomentant la indústria local. La persona que te la ven és un xicoteta PYME que utilitza els beneficis per viure, pagar el lloguer del local, pagar els estudis dels seus fills, tindre solvència econòmica, donar vida als carres del barri i fer comunitat. A més, si la roba interior té defectes o no és el que esperaves, t’atendrà, assessorarà i resoldrà el problema.
  • 3 bragues a 1€, el teixit té una etiqueta que posa “no apropar al foc”, no es sap d’on ve el teixit i com ha sigut tractat (recordeu els rius contaminats als països asiàtics per la indústria de la moda), la persona que ha treballat en la seua confecció està més de 12 hores al taller sense descans  per menys d’1 euro al dia i sense drets laborals. El seu transport fins la tenda (o les tendes del món) ha produït contaminació i ha contribuït al escalfament global. La persona que te l’ha venuda està contractada per menys del salari mínim (justificat per contractes temporals de jornada parcial i sense remunerar les hores extres), no tenen dret a emmalaltir (li lleven el sou del dia que no treballa o li obliguen a recuperar les hores si va al metge), no es pot plantejar tindre família perquè no pot pagar més que una habitació en un apartament compartit, no li interessa la teua satisfacció en absolut i només eres un número.

A més, les grans empreses, com facturen tant, els seus proveïdors els fan preu, el què suposa que una xicoteta empresa no puga competir amb la seua oferta econòmica. No és estrany que molts serveis culturals estiguen en mans d’empreses que igual et construeixen un edifici que et fan una visita guiada?

No oblidem, també, que si allò que prima és l’oferta econòmica, on queden els drets laborals? Com es van a pagar als creadors culturals? Perquè si ens parem a pensar, quants professionals de la gestió cultural en les seues empreses estan contractats com auxiliars administratius i cobren per baix del conveni laboral que els pertoca? Quants informadors de sala hi ha desenvolupant afers de major responsabilitat? Com és possible que la majoria d’empreses culturals a la seua plantilla tinguen gent contractada amb un rang formatiu d’ESO (encara que en realitat tinguen estudis superiors i idiomes)? Tot açò és la base de la precarització laboral, perquè a l’hora de presentar un projecte, a qui solen estrènyer per poder quedar-se amb el projecte? Als/les creadores culturals. Aleshores, és un peix que es mossega la cua: projectes subhastats al millor postor, poc pressupost i desvaloració econòmica dels creadors culturals. Per què dic creadors culturals? Perquè no són només els artistes, ni els músics, ni les companyies teatrals, també són els professionals de la gestió cultural que per “il·lusió” entreguen el seu temps/diners per poder aconseguir que el projecte vaja avant amb un pressupost 0. Al final, sembla que una mesura que s’ha fet per evitar la corrupció ha acabat per legitimitzar el monopoli cultural de les grans empreses i l’extinció de les PYMES.

A més, es creen relacions no orgàniques, in-efectives i dis-funcionals entre l’entitat pública i privada que licita i el personal que treballa en els seus espais, provocant malentesos, desdoblament d’autoritat, abusos de poder, ralentització en la resolució de problemes, pèrdua d’informació, vulneració dels drets laborals, i, inclús arribant a vulnerar la llei de riscos laborals cap al personal subcontractat. L’empresa que licita no exigeix les condicions a l’entitat pública i/o privada per por a perdre la licitació, i l’altra s’escuda en que el personal no és la seua responsabilitat. Per veure exemple d’aquest tipus només hi ha que passar i parlar amb qualsevol persona subcontractada de qualsevol entitat, per desgràcia, és més comú del què es pensa.

Per últim, qui fa els pressupostos? qui designa la partida pressupostària de cada projecte cultural? el personal tècnic? els càrrecs polítics? Potser ací està el problema, diversos tècnics de cultura mostren el seu desacord en que no es tenen en compte les seues apreciacions, diagnòstics i la seua experiència sobre la realitat del sector al plantejament del projecte. Sembla ser que el més important és fer sense tindre en compte la qualitat i la sostenibilitat laboral del projecte. Els passarà pel cap la idea de millor “3 bragues a 1€” que “1 braga a 5€”? els dóna més rèdit polític produir més projectes encara que supose lapidar les persones que treballen en el sector cultural i sentenciar-les a la precarització laboral?

Actualment, hi ha algunes (encara que poques) bones pràctiques que vaig aprendre al congrés XOC2019 a Barcelona. Les licitacions en 2 fases:

  • Fase 1: Fase d’idees. Presentació del projecte, el seu concepte, línies estratègiques, enfocament i qualitat. En esta fase es paga al projecte guanyador. És un model estès al sector de l’arquitectura.
  • Fase 2: Fase de producció. Producció del projecte tenint en compte els recursos humans necessaris (i les seves respectives condicions laborals), materials i tipus d’execució.

Una altra bona pràctica és estimar les hores de treball de cada perfil laboral, fent una estimació del sou base de cada professional (a millorar) com requisit aplicar a la licitació, en el cas de mala pràctica anul·lació de la concessió:

whatsapp-image-2019-11-28-at-13.21.57.jpeg
Licitació “Servei de dinamització de processos participatius de l’Ajuntament de Barcelona” (2019)

Per desgràcia, en la majoria de les licitacions la clàusula ve a dir “l’empresa es compromet a oferir condicions laborals òptimes al personal”, una frase abstracta sense ningun objectiu major que adornar i donar imatge d’integritat a la licitació.

Són nombroses les experiències de diversos profesionals que s’han trobat amb el “robatori d’idees”en els seus projectes amb la justificació de la “llei de transparència”. Projectes creats per un col.lectiu / empresa / PYME que han vist com s’han perdut els orígens del projecte en “pro” de la recerca de nous proveïdors més econòmics.

Aleshores me’n recorde de la frase “les licitacion són el càncer de la cultura”. Esta frase no és meua, la vaig aprendre de Jesús Cimarro quan vaig anar al congrés RESET18 a Barcelona. Donant visibilitat a una realitat que provoca el no creixement de les indústries culturals, del teixit cultural i, en última instància, de bloqueig, un ponent va comparar la cultura com un “bebè enorme dins d’una incubadora”, referint-se com incubadora a l’administració pública. Seria millor dir que és un bebè desnodrit per falta de recursos econòmics, visibilització, valoració i inversió als projectes i a les condicions laborals des les persones professionals de la cultura, tant des de l’àmbit públic com privat.

2 comentarios en ““3 bragas a 1 euro” y la cultura en licitaciones, ¿qué tienen en común?

    1. Moltes gràcies pel teu comentari, Carles! Creus que podriem fer alguna cosa per visibilitzar aquesta realitat?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s